Con el peculiar sonido de los gallos.
Esta tarde no quería dormirme. Solamente me he sentando a descansar un momento pero poco a poco, mis ojos cansados han ido cerrándose. En menos de cinco minutos, ya estabas aquí otra vez. Estabas sentada en tu sillón, con los ojos cerrados pero escuchando la televisión. Yo te observaba callado y tú disfrutabas del silencio y de la paz del hogar que habíamos creado. Pero el silencio duró poco porque sin darnos cuenta, llegó la hora de ver nuestro programa favorito. De repente el pequeño salón se llenaba de risas y de comentarios hacia las películas de época que veíamos juntos. Lo comentábamos todo aunque muy pocas veces estábamos de acuerdo en nuestra opinión. Discutíamos mucho pero nunca me importó porque yo sabía que nos queríamos. Todavía puedo recordar aquella tarde soleada de 1951 en la que cruzamos miradas. Te había visto alguna que otra vez pero jamás antes te había mirado a los ojos. Sabía tu nombre y que eras unos años menor que yo, lo que no sabía era que desde ese día me aco...